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Llegada

  • Escrito por NikkieNikkie Ningun Comentario Comentarios
    Actualizado: 27 Agosto, 2009

    cactus_galleryfull¡Llegué! ¡Por fin!

    Luego de quedar pasmado ante la inmensidad de la soledad que existía a mi alrededor, tomé mi maleta y me dirigí a una pequeña casa que tenía pintado en el frente “HOSTAL EL CACTUS“, con la S caída porque no les había quedado lugar.

    Doña Adela me llevó hasta la  habitación, me dio dos toallas, una frazada de lana de llama pesadísima (parece ser que a la noche refresca), una batea con agua fresca y me indicó como encender la radio que estaba incrustada en la pared de adobe.

    En las dos sillas acomodé mi maleta y fui poniendo en una pequeña mesa de cañas mis pertenencias para luego guardarlas en una especie de estantes hechos con madera de cactus o algo así, no soy especialista en maderas. Debo reconocer que la recamara estaba fresca, y con una ventilación que no pude descubrir de donde venía, se sentía lindo, totalmente distinto a lo que sucedía afuera.

    Me saqué la ropa, prendí la radio y me tiré en la cama a fumar. Del pequeño parlante “Zamba para olvidar” intentaba hacerse escuchar luchando contra capa y espadas. Sin conocerla del todo bien, fui adivinando la letra, prestándole mucha atención como si fuera la novela de las 14, donde Andrea del Boca, Veronica Castro, Thalia o cualquiera de ellas hace su gran papel, pero ésta, la protagonista de la canción es de por mas yegua, muy astuta, sabe cuando regresar para mover el avispero y cagarle la vida a pobre flaco. Apagué el cigarrillo y me di cuenta que en todos los ámbitos y rincones del planeta siempre hay alguien poniéndole palos a las ruedas de los otros.

    Necesitando escapar, me vestí con ropa fresca y holgada, me coloqué los auriculares como si fueran una tiara y salí huyendo a la calle de tierra con Katy Perry a full cantando Hot n’ Cold. Compré un par de cervezas, y me fui a sentar lejos, muy lejos, far far away, dándole la espalda a los cerros, aunque me percaté que mirase adonde mirase estaba rodeado de ellos riéndose de mi burguesía de cemento, viga y columna. Prendí otro cigarrillo sintiéndome un orco que estaba destruyendo el poco oxígeno que queda en el planeta, y cuando estaba por apagarlo en una piedra en forma de ranita, me tranquilizó al ver a unos paisanos y unos extranjeros fumando hasta las espinas de los cactus y lamiendo cuanta cosa extraña se les cruzaba en el camino.

    Las horas pasaron sin darme cuenta, estaba sumamente mareado, no sabía si era la altura, no sabía si era la soledad, no sabía si era yo, no sabía nada, pero era, estaba mareado y girando como Fraulein Maria en  la Novicia Rebelde. Quedé tirado en medio de la nada, mi tiara voló hasta una pequeña caída de agua. Me dejé, no me moví, quedé ahí esperando…

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